Tercer Capítulo


   

RESFO

 
Anexo
 
En este anexo se desarrollan elementos que no son necesarios para la comprensión de la RESFO, pero que permiten precisar ciertos conceptos personales o ciertos conocimientos científicos.
Veremos sucesivamente:
- mis conceptos sobre la diferencia entre la existencia  y la vida, así como sobre el altruismo, el egoísmo y el egocentrismo;
- algunas precisiones sobre el genoma y el epigenoma;
- y, para terminar, algunas reflexiones personales para respetar más fácilmente la programación del Universo.
 
1.- Existencia y Vida. 
 
Las definiciones de los diccionarios no llegan a darles su individualidad, muy a menudo uno de los dos términos es utilizado para definir el otro. De hecho, si es difícil separarles es porque deben estar ligados el uno al otro, como los dos elementos, las dos facetas de una dualidad.
 
Si esta dualidad es espacial, la existencia es la faceta palpable, visible, materializada, activa, física, mientras que la vida representa la vertiente pasiva, inmaterial, indefinida, no perceptible directamente, metafísica.
 
Si esta dualidad es temporal, la existencia representa el momento presente, real y definido, mientras que la vida expresa algo fuera del tiempo, tanto pasado como futuro, con toda la imaginación personal que se le pueda poner, lo que la vuelve infinita.
 
Es posible pues, asimilar a la vida la existencia interna, celular, programada fuera del momento presente, pasiva, obediente a toda necesidad de adaptación; mientras que la existencia se corresponde con la existencia externa, materializada por acciones visibles, sufriendo acontecimientos que caracterizan momentos presentes a menudo dolorosos por su realidad. 
La existencia y la vida son los dos componentes de la dualidad del ser, entre los cuales se intercala un tercer elemento, símbolo relacional de muerte y de nacimiento. La trinidad así formada se descubre por la observación del nacimiento y el desarrollo de un ser, es fácil y simple constatarla, como veremos rápidamente.
Pero para constatar la realidad de la globalidad de una información, es necesario colocarse en el exterior de esta información. Al observar un ser que existe en el mismo mundo que el nuestro, no nos es posible captar su realidad.
De la misma manera, al hombre, estando en el interior del Universo que le contiene, le es imposible saber lo que él representa en relación a este Universo.
Para saberlo, es necesario situarse en el exterior. 
Es por esta razón que en astrofísica, nos es imposible saber lo que existía antes del Big Bang, ya que, estamos en el interior del fenómeno explosivo que ha dado nacimiento al Universo. Además, los astrofísicos piensan actualmente que el Big Bang no se sitúa en un punto preciso, a partir del cual se habría desarrollado, sino en todas partes. Una vez más, esta es la visión que podemos tener del interior del fenómeno explosivo. Los modelos de universo que la RESFO nos permite observar, así como el sentido de la existencia tanto de hombre como de Universo, nos definen un concepto totalmente opuesto, con un Big Bang que se sitúa en un punto.
 
Tenemos la suerte de poder conocer la globalidad de un ser que se construye en un universo que al que podemos observar,  ya que estamos en el exterior en relación a él, es el útero de una mujer embarazada. Para ello bastará con estar atentos al nacimiento y al desarrollo de este ser, para saber cómo ha sido constituido, así como la función y la utilidad de cada una de las partes que lo componen.
 
2.- Altruismo, egoísmo y egocentrismo.
 
Para integrarse a los otros elementos del Universo, es necesario que el hombre acepte ser “egocéntrico”.
Voy a explicarme sobre este término que se asimila habitualmente al egoísmo, y para definir la diferencia entre estos dos términos, utilizaré un ejemplo de relación entre dos elementos del Universo, el hombre y un vegetal, un árbol por ejemplo.
 
El hombre respira oxígeno, que le es necesario para vivir, y rechaza gas carbónico y nitrógeno, que son venenos para él. 
El árbol necesita gas carbónico y nitrógeno para mantenerse vivo, y rechaza el oxígeno que, solo, es veneno para él.
Esto es para mí el funcionamiento típico del egocentrismo. Cada elemento obedece a las necesidades de su estructura interna, su centro, capta lo que le es necesario y rechaza lo que le es nocivo.
 
Imaginemos un árbol altruista: para él, el gas carbónico y el nitrógeno son componentes vitales, podría rechazarlos para no privar al hombre de ellos. Resultado: el hombre muere ya que ya no hay producción de oxígeno, y el árbol muere ya que rechaza tomar lo que es vital para él.
Imaginemos ahora un árbol egoísta: rehúsa rechazar el oxígeno. Resultado: el árbol y el hombre mueren también. 
Pero si el árbol acepta hacer pasar por su centro, por sus células, lo que necesita, su funcionamiento celular liberará este oxígeno necesario para el hombre, y si el hombre hace lo mismo, liberará el gas carbónico y el nitrógeno necesarios para el árbol.
 
Es por lo que, para mí, este funcionamiento egocéntrico es capital para una buena relación entre los diferentes componentes del Universo, y entre los diferentes componentes del hombre mismo, tanto si son los órganos, como las células en el seno de un mismo órgano. Esta regla impediría a las células desarrollarse de manera anárquica en el seno de otras células, y los órganos funcionarían respetando la posibilidad de funcionamiento de los otros órganos sin crear un desequilibrio.
Pero, la sociedad, la educación, la religión, …, no nos permiten vivir esta neutralidad ni este egocentrismo. Se nos pide desde nuestra infancia ser el mejor, no tener defectos, construir un personaje querido por todos por su bondad, su generosidad, su humanidad, estar al servicio de los demás aceptando sacrificarse… También es difícil tener un comportamiento que respete en prioridad el funcionamiento espontáneo de nuestras propias células, es decir, de un conjunto que compone ante todo un ser, elemento del Universo, con sus defectos y sus cualidades, para ayudarlo a respetar el lugar que el Universo le ha dado.
 
3.- Genoma.
 
Un hombre, como todo ser vivo en general, está compuesto de un conjunto de células nacidas de una primera y única célula, indiferenciada, creada durante la fusión de un óvulo y un espermatozoide. Durante el tiempo de su desarrollo, las células van a diferenciarse progresivamente, es decir, especializarse para tener una función específica.
 
Toda esta compleja organización, de hecho, está programada desde el principio, en la primera célula, para desarrollarse según un plan de conjunto inscrito en su material genético.
El conjunto del material genético de un individuo o de una especie, se llama genoma. Este material genético está almacenado, bien protegido, en el núcleo de cada célula, codificado y copiado de manera idéntica en una larga molécula llamada ADN, abreviación de: Acido DesoxirriboNucleico.
El ADN es una macro molécula que se encuentra en todas las células vivas. Esta macromolécula se pudo constituir gracias a la presencia y a la acción de los fotones. 
El Universo está gobernado por 4 fuerzas fundamentales. Tres de entre ellas, la fuerza nuclear fuerte, la fuerza nuclear débil y la fuerza gravitacional, aseguran la estructuración y la estabilidad de los diferentes elementos que componen este Universo. La cuarta, la fuerza electromagnética, forma los átomos atando los electrones a los núcleos, pero no se detiene ahí, sino que suelda los átomos obligándoles a compartir sus electrones para formar moléculas, empuja además a las moléculas a combinarse, a su vez, en largas cadenas, la más alta expresión de estas cadenas es este ADN, que permite la vida gracias al genoma que está inscrito en él. Se puede concebir que cuando el Universo se hizo nacer dentro de un Big Bang, no se olvidó de poner una nota, una programación para volver a encontrar su estado original.
 
La partícula asociada a las ondas electromagnéticas, desde las ondas de radio a los rayos gamma, pasando por la luz visible, es el fotón. El fotón transmite la interacción electromagnética y es el vector de  transmisión de las informaciones a nivel de los distintos componentes celulares. Aparecido en nuestro mundo en el momento del Big Bang, el fotón, único elemento que es a la vez onda y partícula, tiene el conocimiento de antes del Big Bang y por lo tanto de la programación del Universo que, después de una expansión continua, deberá reencontrar su estado anterior de estabilidad y de unicidad. Es así como, estructurando esta larga molécula de ADN, el fotón inscribe en ella y transmite el genoma, conjunto de material genético, elemento funcional común a todos los hombres y a todo lo que vive en el mundo, como lo mostraron, hace más de 50 años, unos científicos que detectaron nucleo-bases, elementos constitutivos del ADN, en unos meteoritos.
 El ADN contiene el conjunto de las informaciones necesarias para el desarrollo y el funcionamiento de un organismo en forma de código. Este código está constituido siguiendo un orden en el que 4 bases: la adenina (A), la timina (T), la guanina (G), y la citosina (C) se suceden a lo largo de la molécula de ADN. Cada una de estas bases está ligada a un mismo tipo de azúcar (la desoxirribosa), que a su vez lleva un mismo grupo fosfato (ácido fosfórico). Al conjunto: base, azúcar y grupo fosfato, se le llama nucleótido y el genoma humano está compuesto de alrededor de 3 mil millones de nucleótidos que forma solamente unos 30.000 genes.
 
 
 
El genoma no está constituido sólo por genes. Los genes son los fragmentos codificados activos, es decir, que pueden ser leídos por los orgánulos de la célula a fin de que sepan fabricar lo que normalmente es necesario para el mantenimiento de la existencia del ser, a la vez en su estructura y en su funcionamiento. Al lado de estos fragmentos codificados activos existen fragmentos codificados inactivos que la célula no sabe leer.
 
El genoma del hombre está constituido por una doble hebra de ADN. Cada una de estas dos hebras contiene el capital genético heredado de cada uno de los padres. Estas dos hebras rotan en hélice y se entrelazan por complementariedad entre las bases. Esta complementariedad es invariable: los enlaces se hacen siempre entre la adenina y la timina por una parte y la guanina y la citosina por otra. Cuando estas hebras se separan, cada una va a reconstruir la otra, recreando la hebra complementaria a la que está asociada. También cuando las dos hebras de ADN se separan, cada base de cada una de ellas recrea la base a la que está asociada. Así las hebras de ADN se reconstruyen en doble y la célula que contiene entonces 2 dobles hebras, puede dividirse en 2, cada parte conserva una doble hélice, es decir, todo el capital genético heredado, sin ninguna pérdida.
 
Al margen del fenómeno de la división celular, la molécula de ADN se presenta como un largo hilo en forma de ovillo que rellena todo el núcleo de la célula. Es entonces cuando la célula forma la cromatina. En el momento de la división celular, esta cromatina se individualiza bajo forma de  cromosoma cuya apariencia es característica: en forma de X con dos brazos cortos y dos brazos largos, unidos en un punto, el centrómero, mientras que los brazos pasan a ser las cromátidas. 
 
 
Las extremidades de estos brazos se llaman telómeros. Los telómeros representan un fragmento de la molécula de ADN cuya secuencia de bases de los nucleótidos, es repetitiva, idéntica a ella misma, TTAGGG, no codifica la información genética, es decir que la célula no produce nada cuando lee esta información. Por el contrario, la longitud de este telómero disminuye cada vez que el cromosoma se divide y cuando esta longitud llega al límite, el cromosoma no puede dividirse más y la célula envejece y muere. En las células madre y en las células germinales (reproductivas), los telómeros no se acortan y así las células pueden dividirse indefinidamente. Los telómeros son un verdadero reloj biológico de la célula y al mismo tiempo estabilizan los cromosomas impidiéndoles soldarse entre ellos y por tanto permitiéndoles individualizarse, según un número y una forma que son los mismos para todos los individuos de una misma especie.
El número de cromosomas es variable según las especies.
 
La especie humana cuenta con cuarenta y seis: veintitrés pares, de los cuales un par corresponde a los cromosomas sexuales denominados X e Y: XX para la mujer y XY para el hombre. Los otros pares son numerados del uno al veintidós, del cromosoma más largo al más corto. 
 
Desde hace  algunos años, ciertos investigadores se han dado cuenta que más allá del genoma existe el epigenoma, más importante que el genoma. En efecto, es el epigenoma quien interviene en la activación o no de los genes, permitiendo leer o no leer las secuencias codificadas del ADN. La fabricación de lo necesario para el mantenimiento y el buen funcionamiento del organismo dependen por tanto de él. Debido a este hecho, el epigenoma tiene una gran responsabilidad en la aparición de ciertas enfermedades.
 
4.- Epigenoma.
 
Si el genoma constituye el patrimonio hereditario trasmitido de célula a célula, el epigenoma (estado epigenético de la célula) es la manera de leerlo y de interpretarlo. Por lo tanto, tener funciones celulares distintas según lo que se ha leído y la comprensión de lo que se ha leído.
 
Para comprenderlo mejor, podemos decir que este patrimonio hereditario se escribe como una partitura musical.  Esta partitura no tiene vida sin una orquesta de músicos que la interpreten con sus instrumentos, es decir, las células, que simbolizan el epigenoma. Según los instrumentos que van a tocar, la interpretación será diferente. Igual que el director de la orquesta inspira la dinámica de la ejecución de una sinfonía, los factores epigenéticos, medio en el cual se toca la partitura, gobiernan la interpretación del ADN en el interior de cada célula.
 
Podemos coger otro ejemplo: el hombre es una célula entre otras células y las secuencias codificadas del ADN forman las palabras:
Por una parte, palabras que tienen  forma y sentido para comunicarse en su vida cotidiana que se desarrolla en el siglo XXI, estas palabras corresponden a informaciones de genes activos, ya que puede leerlas, comprenderlas y actuar respetando lo que éstas expresan.
Por otra parte, palabras que tenían una forma y una función comunicativa en tiempos de los Sumerios, los antiguos Griegos, etc., pero que los hombres actuales no conocen y para los que no tienen ninguna utilidad práctica. Estas palabras, o sea, los genes, permanecen siempre escritos en su patrimonio hereditario, pero no pudiendo comprenderlos ni interpretarlos, no deben ser leídos, son genes inactivos. Pero si en el transcurso de la evolución del linaje genealógico de un hombre, el conocimiento de estas palabras ha persistido, o ha sido reactivado por estímulos de su pasado, podrá entonces interpretarlos y tras su lectura tener, por una parte, una acción totalmente inadaptada a la realidad de su momento presente y por otra, provocar una incomprensión y una desestabilización de los otros hombres que le rodean y con los cuales se comunica.
 
En consecuencia, si esto se produce de la misma forma a nivel de las células de un órgano, éstas van a fabricar productos que impedirán el funcionamiento espontáneo del órgano, e igualmente desequilibrar todo el funcionamiento del organismo, programado para la realidad de lo que debe ser en el momento presente.
 
En microscopía óptica se distinguen sobre los cromosomas unas regiones densas, formadas de heterocromatina y otras regiones menos densas, formadas de eucromatina.
La eucromatina consiste en un ADN activo, es decir que su codificación puede ser leída por los elementos de la célula y producir las proteínas necesarias para la elaboración, la organización y al funcionamiento de las células, así como para las relaciones que existen entre ellas.
 
La heterocromatina consiste en un ADN principalmente inactivo, podemos distinguir 2 tipos: la heterocromatina constitutiva que jamás se traduce, se sitúa alrededor del centrómero y la heterocromatina facultativa que se expresa a veces, es decir, puede ser leída y dar lugar a la producción de proteínas por la célula.
 
La conclusión de nuestro propio trabajo y  observaciones experimentales sobre miles de individuos, durante más de 30 años, tiende a hacernos considerar la expresión de la heterocromatina facultativa como  fuente de una gran parte de síntomas, enfermedades y de comportamientos rebeldes a los tratamientos que pueda proponer la medicina. Estas perturbaciones representan nuestro campo de acción y los resultados que obtenemos consolidan nuestra visión de la causa de las enfermedades y los síntomas.
 
Para nosotros esta heterocromatina facultativa no debe expresarse nunca. Es un punto de inestabilidad del ADN, que se expresa cuando el entorno celular es modificado por unos estímulos que no pertenecen al mundo del humano, es decir, al mundo del hombre en cuanto a su realidad en relación al lugar que ocupa en la evolución del Universo. 
Estos estímulos pueden ser exógenos o endógenos:
Exógenos, cuando estos estímulos son consecuencia a la adicción a numerosos derivados vegetales clasificados como drogas (tabaco, cocaína, hachís…) o al uso de productos de tipo homeopático, derivados de los reinos mineral, animal o vegetal, tal  como existían en el pasado, pero en forma de memoria y no de producto ponderal, lo que les diferencia de otros medicamentos. Estas memorias del pasado van a estimular lo que llamamos pseudo-genes, descubiertos en los años setenta y que representan los vestigios de la evolución del Universo, éstos se encuentran en el organismo del hombre, donde deben estar inactivos, ya que no están adaptados a la realidad de su presente.
Endógenos, cuando estos estímulos nacen de la mente de la persona, mente que ha adquirido el poder de controlar  las células. Hay numerosas técnicas que enseñan cómo controlar la respiración, el ritmo cardíaco, las reacciones del sistema neuro-vegetativo, mediante ejercicios de relajación, de concentración, de meditación… Afortunadamente, la mente está totalmente desconectada en el útero, medio acuático en el cual el feto se desarrolla y dónde no podría vivir si tuviese conciencia. De hecho, toda la construcción del feto y las normas de su funcionamiento fuera del útero le son desconocidas. La mente sólo es útil después del nacimiento del feto, para tomar conciencia de las acciones efectuadas, para no repetir las que son inútiles, para relacionarse con su entorno, gracias a la adquisición del lenguaje y para construir su existencia familiar, social y profesional. La mente no es más que una herramienta de las células, aunque desgraciadamente, hay una gran tendencia a hacer de ella la directora. La mente también está ligada a memorias del pasado, ya que sólo es consciente de lo que ha sido aprendido y retenido, y cuando parece proyectarse en el futuro, no proyecta más que una transformación de nociones adquiridas en el pasado. Así, también puede estimular seudo-genes cuando su poder domina el funcionamiento espontáneo celular.
 
Si la acción de estos estímulos, ya sean exógenos o endógenos, es beneficioso sobre síntomas físicos, psíquicos o relacionales presentados por ciertos enfermos, también modifica por desgracia la expresión de esta heterocromatina facultativa y produce así, problemas importantes y graves del funcionamiento celular difíciles de controlar por los medios de la medicina universitaria ya que están fuera de su dominio de acción, ya sea a nivel físico o metafísico del ser.
 
Podemos comprender la importancia de la epigenética analizando cómo se construye un ser humano en el interior del útero de una mujer embarazada. Todas las células nacen de una misma primera célula, unión del espermatozoide y del óvulo de los padres. En cada división, el mismo genoma es transmitido a las células hijas. Pero a medida que las células se desarrollan, que el tiempo pasa, su entorno cambia y su destino se rige por la utilización selectiva de ciertos genes y el silenciamiento de otros. Es el mismo fenómeno que acabamos de describir, comparando las secuencias codificadas de ADN, con palabras desconocidas o conocidas según el momento y lugar presentes. Cada célula hija es como un nuevo ser en el linaje genealógico. 
Al principio, la primera célula posee el conjunto de genes activos necesarios para la fabricación del ser y  su funcionamiento en un mundo diferente, aéreo, conocido solamente por una de las dos medias células (el espermatozoide) en el origen de esta primera célula. A medida que el tiempo pasa, que nuevas células nacen en un entorno diferente, ciertos genes se desactivan y no son leídos, mientras que su presencia persiste. Si por una razón u otra, su entorno cambia, los estímulos nacidos de este entorno los reactivan, serán de nuevo leídos y producirán acciones inadaptadas a su funcionamiento inicial y al medio en el cual se encuentran normalmente. Es así como se crean patologías cuyo origen no es otro que la epigenética.
Esto que se acaba de describir a nivel de la célula corporal, es igualmente válido a nivel de la célula familiar, social, e incluso en células más amplias, hasta llegar a la célula universo. Cada uno de nosotros es un elemento de cada una de esas células, de las que formamos parte.
El impacto del entorno determinará la epigenética que a continuación va a definir las modificaciones transmisibles y reversibles de la expresión de los genes, sin modificar la estructura. Los fenómenos epigenéticos, constituyen un programa que decide qué genes activar o inhibir.
 
5.- Algunas reflexiones personales para respetar más fácilmente la programación del Universo.
                             
“No es lo que uno hace lo que es importante, sino es el porqué de nuestra acción o de nuestra elección”
 
Ante los acontecimientos y los cambios que sobrevienen en el transcurso de nuestra existencia, debemos realizar acciones y tomar decisiones. Muy a menudo la elección será difícil. Bastará, simplemente, escoger no en relación a lo que uno pueda ganar, ni en relación a lo que uno pueda perder, en relación con lo que nosotros bordeamos todos los días de nuestra existencia, con lo que estructura nuestro entorno, sino en relación a la conservación de nuestra libertad. Lo que debemos preservar, más allá de todo, es la libertad que nos permite vivir la realidad de nuestro momento presente en relación con el trabajo que debemos realizar en cuanto a la programación del Universo que nos ha hecho nacer.
Debemos escuchar los acontecimientos que nos llegan, no para resolver los problemas que comportan, es decir para responderlos, sino para escucharlos. Frente a estos acontecimientos, no debemos decantarnos hacia nuestros conocimientos sino, al contrario, abrirnos a lo desconocido, único modo para recorrer el camino, que es el nuestro, para realizar el objeto de nuestro trabajo existencial.
 
“Vivir el egocentrismo”
 
¿Porque?  Por qué sólo el mental celular puede vivirlo, representa la realidad del momento presente, el intercambio respetuoso entre dos elementos. El mental psíquico solamente conoce el egoísmo o el altruismo.
 
“Vivir la realidad del momento presente”
 
¿Por qué?  Porque sólo el mental celular puede vivirlo. El mental psíquico sólo funciona mediante las experiencias del pasado o por las proyecciones imaginarias en un futuro también imaginario, intenta transformar el pasado en presente, lo que es imposible ya que todos los parámetros en causa son distintos de lo que eran en el pasado.
 
“Vivir esta realidad en relación al Universo”
 
¿Por qué? Porque el Universo es una realidad, nuestro entorno es un imaginario, no se sabe quién se esconde detrás de cada uno de nosotros. ¿Qué piensa cada uno de nosotros en realidad? ¿Puede uno permanecer constante en el transcurso de los años? El Universo está fuera del tiempo, por lo tanto su realidad, que podemos vivir, debe quedarse fuera del tiempo y hay que aceptarla sin intentar cambiarla según nuestro deseo temporal, a menudo inmediato, pulsional. Pero se puede cambiar, cuando ello es posible, pero entonces se debe tener una paciencia neutra en la espera (por ejemplo: continuar con una práctica que se deberá abandonar ya que ya no corresponde a nuestro objetivo, o continuar viviendo con alguien, a depender de él, en tanto uno no tiene los medios para ser independiente y asegurarse la supervivencia)
 
“El entorno influencia la lectura de los genes como lo muestra la epigenética”
 
De ahí la importancia del entorno. Cuando el entorno nos transforma,  inconscientemente, haciéndonos reaccionar como si fuéramos su esclavo, nos incluye en un universo del cual él es el amo y nos impone sus prioridades. Nosotros ya no podemos respetar la neutralidad del Universo en todas nuestras acciones existenciales, y nos excluimos de la programación que el Universo había concebido para nosotros.
Siendo la función quien crea la estructura, no permitimos que nuestra estructura evolucione adaptándose a nuestra programación. La muerte de nuestro físico no podrá entonces liberar este metafísico cuya construcción nos había sido confiada por el Universo.
Un ejemplo entre otros, el tabaco modifica el estado epigenético cuando hay adicción.
El hombre es un elemento del Universo que ha construido progresivamente su físico adaptando los elementos físicos de todo lo que le ha precedido en el desarrollo evolutivo del Universo, su heredero en alguna manera. Así, se encuentran en él elementos del estadio mineral, por ejemplo. Cuando estos elementos se han adaptado a la estructura física del hombre, este mineral ha dado nacimiento a la estructura mesodérmica humana que está en el origen de los huesos, los músculos, las arterias…, pero si estos elementos no se han adaptado completamente, producirán en estas construcciones mesodérmicas calcificaciones, cálculos minerales, placas de ateroma…, funcionamiento normal de un mineral que existe en la naturaleza y que no se ha humanizado.
La herencia del estadio vegetal ha dado en el hombre su ectodermo, su sistema nervioso y sobretodo su capacidad de relacionarse con su entorno. Cuando este vegetal no está adaptado a la función del humano, el hombre tiene problemas relacionales. Para no sufrir la desarmonía creada por esta disfunción, el hombre está obligado a estimularse mediante extractos vegetales más conocidos bajo el término de drogas. En efecto, todas las drogas naturales derivan del estadio vegetal. Es así como se crea la adicción al tabaco. Cuando la persona tiene dificultades relacionales consigo misma, fumará sobre todo cuando esté sola frente a sí misma. Cuando tendrá miedo a lo desconocido, será por ejemplo cuando sonará el teléfono cuando encenderá un cigarrillo antes de descolgarlo. Cuando la angustia de la jornada se perfila en ella, al despertarse por la mañana, será éste el momento en el que tendrá esta necesidad de recurrir al tabaco. Podemos multiplicar los ejemplos para todas las situaciones que el fumador deberá afrontar. De hecho, éste no es un problema del tabaco, y es inútil, incluso peligroso, dar sustitutivos  a los fumadores y a los drogadictos. Basta con restablecer la armonía entre el físico y el metafísico para que la necesidad del tabaco o de la droga desaparezca. Además, la droga perturba el metafísico al intentar crear una armonía entre el físico y el metafísico, tomando como referencia el físico perturbado. La armonía así creada es patológica, destruye la programación del Universo y la construcción del metafísico, lo que abrevia la vida del físico, que se ha vuelto inútil, y lo hace por medios como el cáncer por ejemplo.
 
Dr. Claude Piro – Marzo de 2013
 

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